Ya sea una discusión sobre los quehaceres que se intensificó, ideas distintas sobre la crianza, o el estrés del trabajo que se derrama sobre el tiempo en familia, las peleas entre los padres pasan en todas las familias. Es importante encontrar puntos en común, pero es aún más importante llegar a ellos amigablemente.
Cómo los padres manejan sus peleas puede ayudar o dañar el desarrollo de sus niños y su salud mental. Cuando los padres resuelven los desacuerdos con respeto y cariño por el otro, también conocido como peleas saludables, los niños aprenden lecciones valiosas sobre las relaciones y a manejar las emociones. Sin embargo, las peleas no saludables pueden confundir y estresar a los niños, lo cual puede dañar su desarrollo. Entender las diferencias entre las peleas saludables y las dañinas puede ayudar a las familias a crear mejores hogares para que crezcan los niños.
Cuando los niños ven a sus padres manejar las peleas de manera saludable, aprenden habilidades emocionales importantes. Los padres que se apoyan mutuamente, demuestran su amor, trabajan para solucionar los problemas y resuelven sus diferencias de manera pacífica ayudan a sus niños a entender mejor las emociones. Esto significa que los niños entienden mejor sus propias emociones y por qué otras personas sienten lo que están sintiendo.
Los niños que ven a sus padres manejar bien las peleas aprenden que los desacuerdos pueden ser arreglados sin causar daños permanentes. Esto les enseña que las emociones son normales y manejables, lo que les ayuda a sentirse más seguros cuando enfrentan sus propios desafíos emocionales. En vez de ver un conflicto como algo que provoca miedo, los niños pueden aprender que las personas pueden estar en desacuerdo y seguir amándose.
Un conflicto saludable entre los padres también puede ayudar a los niños a mejorar en resolver problemas sociales. Cuando los niños ven a sus padres trabajar juntos para resolver desacuerdos a través del diálogo, el acuerdo mutuo y el respeto, ellos aprenden lecciones valiosas sobre las relaciones.
Los niños aprenden que los problemas pueden ser solucionados conversando, escuchando y trabajando juntos en vez de peleando o dándose por vencidos. Estas habilidades para solucionar problemas ayudan a los niños en sus amistades, en la escuela y en otras relaciones a través de sus vidas. Ellos aprenden cómo comunicar sus necesidades, entender mejor lo que otros podrían estar pensando, y encontrar soluciones que funcionen para todos.

A diferencia del conflicto saludable, las peleas impredecibles entre los padres dañan el desarrollo de los niños. Los conflictos impredecibles suceden cuando los padres tienen cambios repentinos en sus emociones y comportamientos, ya sea por el estrés, problemas sin resolver, u otras razones, que los niños no pueden entender o darle un sentido lógico.
Los niños que ven estos patrones de pelea pueden volverse menos propensos a ayudar a otros, a compartir o demostrar amabilidad. Cuando los niños no pueden encontrarles un sentido a las reacciones de sus padres durante las peleas, se enfocan más en protegerse a ellos mismos y menos en pensar en las necesidades de los otros. Esta disminución del comportamiento amable puede dañar las habilidades de los niños para hacer amistades sanas y relaciones positivas con otros niños, maestros, y otros adultos.
Los niños expuestos a conflictos impredecibles entre sus padres también pueden mostrar más problemas de comportamiento, lo que significa que expresan sus sentimientos de enojo a través de comportamientos que otros pueden ver. Estos pueden incluir ser más agresivos o poco cooperativos, o tener dificultades siguiendo las reglas.
La naturaleza caótica de los conflictos impredecibles crea estrés para los niños porque ellos no pueden entender o prepararse para lo que podría suceder. Este estrés muchas veces se ve reflejado como problemas de comportamiento que pueden interferir con el desempeño escolar y las relaciones sociales.
Cuando los niños ven repetidamente conflictos impredecibles entre sus padres durante un tiempo y no reciben el apoyo emocional que necesitan para superarlo, podrían desarrollar estrés tóxico. A diferencia del estrés normal que no dura mucho, el estrés tóxico sucede cuando el sistema de respuesta al estrés de un niño está activo por períodos largos sin el apoyo adecuado. El estrés tóxico puede tener efectos duraderos en los cerebros y cuerpos en desarrollo de los niños. Los padres pueden prevenir el estrés tóxico al aprender maneras más saludables para manejar los desacuerdos entre ellos y asegurarse que los niños están recibiendo el apoyo que necesitan.
Quizás lo más alarmante, los niños que ven peleas caóticas entre sus padres pueden desarrollar un hábito de llegar al enojo cuando enfrentan problemas sociales. En vez de pensar sobre las situaciones calmadamente o pedir ayuda, estos niños son más propensos a responder con enojo o agresividad.
El enojo repentino hace más difícil para los niños resolver problemas calmada y efectivamente y puede dañar sus relaciones con sus amigos y otros adultos. Cuando los niños responden automáticamente a los desafíos con enojo, pierden la oportunidad de aprender mejores maneras de manejar los desafíos.
Recuerda, no todo conflicto entre padres es dañino para los niños. Cuando los padres manejan sus desacuerdos con respeto, trabajan hacia una solución, y demuestran cariño por el otro incluso en conversaciones difíciles, los niños se benefician al ver estas interacciones.
Los padres pueden ayudar a sus niños al modelar las habilidades de resolución sana de conflictos, como escuchar las perspectivas del otro, mantenerse calmado durante los desacuerdos y trabajar juntos hacia encontrar una solución. Cuando los niños ven que los problemas se pueden solucionar con cooperación en vez de agresión o comportamientos impredecibles, ellos desarrollan las habilidades sociales y emocionales que necesitan para tener sus propias relaciones exitosas.
Teniendo eso en cuenta, las familias pueden trabajar hacia crear ambientes en donde los desacuerdos se transforman en oportunidades para crecer en vez de fuentes de estrés y confusión para los niños.







