Durante los primeros cinco años de vida de un niño, su cerebro crece más rápido que nunca. Todo lo que toca y huele, y cada imagen, sonido y sabor que experimenta le ayuda a crear conexiones importantes. Pero cuando los niños tienen demasiadas experiencias a la vez, pueden sentirse abrumados y sobreestimulados. Entonces ¿cuánto es demasiado y cómo podemos darnos cuenta? Sigue leyendo para aprender a reconocer las señales de la sobreestimulación y ayudar a tu niño a encontrar la calma en un mundo ajetreado.

Reconocer y entender la sobreestimulación, también conocida como sobrecarga sensorial, en los niños es fundamental como padre o cuidador, por si necesitas intervenir y ayudar. Esto puede contribuir al bienestar y desarrollo emocional de tu niño, prevenir posibles berrinches y promover un espacio de apoyo donde pueda triunfar emocional y físicamente.
La sobreestimulación puede mostrarse de manera diferente en bebés que en niños pequeños. Estas son algunas señales a las que hay que poner atención:
Actúan de manera inquieta o parecen muy cansados Voltean la cabeza o se ven molestos Mueven los brazos y las piernas de manera brusca Aprietan los puños, mueven los brazos bruscamente o patean Lloran más de lo normal, especialmente si han estado sobreestimulados por mucho tiempo
Parecen estar cansados o de mal humor, o hacen berrinches Lloran y no pueden explicar qué le pasa Se tiran al suelo llorando o enojados Dicen que no quieren continuar con una actividad que normalmente disfrutan Se niegan a obedecer órdenes sencillas, como ponerse el cinturón de seguridad
Se ponen de mal humor o cansados Pueden ser más descoordinados de lo normal, como dejar caer o regar cosas Se vuelven más dependientes o necesitan más atención Se aburren fácilmente Se quejan de su comida Piden más ayuda de lo normal
Recuerda que cada niño es diferente. Reconocer estas señales puede ayudarte a entender las señales de sobreestimulación de tu niño y cuándo podría necesitar un descanso o un ambiente más tranquilo.

Si tu niño está sobreestimulado, trata de llevarlo a un lugar tranquilo donde pueda relajarse. Hacer actividades relajantes como respirar profundamente, leer o escuchar música suave puede ayudarlo. Observa a su alrededor para notar las cosas que están bajo tu control y las que quizás estén causando una sobrecarga sensorial. Por ejemplo, si el volumen de la televisión está alto, bájalo o apágala por completo. Darle un fuerte abrazo o dejar que tenga su juguete favorito también puede ayudarlo a sentirse mejor. A veces, simplemente sentarse tranquilamente con él puede ayudarlo a sentirse más tranquilo.
En el caso de los bebés, háblales suavemente y con dulzura. Si están fuera de casa, buscar un lugar tranquilo con poca luz puede ayudar. Si está en su carriola, cubrirlo con una cobija ligera también puede ayudarlo a calmarse. ¡No olvides darle suficiente ventilación!
Para los niños pequeños y preescolares, darles un buen ejemplo de cómo mantener la calma también puede ayudar a tu niño a calmarse.
Para los niños de kínder, sigue dando el ejemplo. Expresar los sentimientos con palabras puede ayudarles a comprender por qué se sienten abrumados. Espera a que se sienta mejor antes de hablar sobre lo sucedido y qué podría hacer de una manera diferente la próxima vez. Llevarlo a un lugar más tranquilo con una luz más suave, como su cuarto, y leer un libro o escuchar música suave también puede ayudar si se pone malhumorado o con sueño. También puedes intentar algunas actividades de atención plena con tu niño, como respiraciones profundas o estiramientos sencillos.

Para prevenir la sobreestimulación, intenta limitar el tiempo que tu niño pasa en lugares ruidosos o con muchas personas. Mantener una rutina diaria con actividades relajantes o momentos de tranquilidad puede darle comodidad a tu niño y le ayuda a anticipar lo que va a suceder, lo cual puede ayudarle a manejar la información sensorial. También es útil limitar el tiempo frente a pantallas y tomar descansos durante actividades largas. Dependiendo de la edad de tu niño, puedes hablar con él o ella sobre sus necesidades antes de ir a lugares o participar en actividades que podrían sobreestimularlos.
Si tu niño o niña se siente sobreestimulado frecuentemente, considera usar herramientas como audífonos con cancelación de ruido, juguetes antiestrés o cobijas con peso. Recuerda que mantener la calma puede enseñarle a tu niño a manejar las emociones fuertes.
Hay muchas maneras de apoyar a tu pequeño con la sobreestimulación, y no existe una sola solución para todos. Explora diferentes métodos y descubre cuál funciona mejor para los dos, asegurándote de que tu niño se sienta seguro, querido y comprendido en todo momento.
