Tu pequeño está creciendo. Tal vez ya empezó a salirse de la cuna, o quizá simplemente ya necesita más espacio para estirarse. En cualquier caso, pasar de la cuna a la cama es un gran hito que trae mucha emoción al igual que algunos retos. Pero con el momento adecuado, un poco de planificación y mucha paciencia, esta transición puede ser un cambio positivo para toda la familia.
- ¿Está listo tu niño? Señales a las que hay que poner atención
- Preparándote: Pasos prácticos para que el cambio sea más fácil
- Haz de la seguridad tu prioridad
- Crear entusiasmo mientras se establecen límites
- Cómo manejar cuando se levanta en la noche o pelea a la hora de dormir
- Saber cuándo esperar
- Tu nueva normalidad

No hay una edad exacta para pasar a una cama de niño grande. La edad promedio varía mucho, desde los 18 meses hasta los 3 años. Lo más importante no es la edad, sino la etapa de desarrollo en la que está tu hijo.
Estas son las principales señales de que tu niño podría estar listo para una cama de niño grande:
Ya se está saliendo de la cuna. Si tu niño ya puede trepar y pasar por encima del barandal, aun cuando el colchón esté en la posición más baja, ya es momento de hacer el cambio por la seguridad de él. En este punto, la cuna se vuelve más peligrosa que útil.
Ya tiene la estatura suficiente. Cuando tu niño mide más o menos tres pies de altura, o cuando el barandal de la cuna queda por debajo de su pecho, está físicamente preparado para una cama.
Puede seguir instrucciones sencillas. Tu niño debe ser capaz de entender y seguir reglas básicas como “quédate en tu cama”.
Muestra interés. Si tu niño pequeño pide una cama de niño grande o se emociona por las camas que ve, es posible que esté mentalmente preparado para el cambio.
Entiende los límites. A los niños pequeños les cuesta entender la idea de las paredes “invisibles”. Necesitan estar en una etapa en la que puedan entender que, aunque no haya barandales en la cuna, tienen que quedarse en su lugar.
Por otro lado, también hay señales que sugieren que tu niño aún no está listo. Si todavía se despierta varias veces por la noche, no puede quedarse en un solo lugar durante la siesta, muestra miedo o ansiedad ante la idea de una nueva cama, o está pasando por otros cambios importantes, como aprender a ir al baño, tal vez sea mejor esperar un poco más.
Una vez que decidas que es el momento adecuado para la transición, un poco de preparación será de gran ayuda. Aquí hay algunas ideas para ayudar a que este cambio salga lo mejor posible para toda la familia.
Háblenlo con tiempo. Varias semanas o meses antes de la transición, empieza a hablar con tu niño sobre lo que va a pasar. Enséñale la cama nueva y explícale que todos en la familia, hasta las mascotas, duermen en cama y no en cuna. Incluso puedes leerle cuentos antes de dormir sobre cómo se duerme en una cama de niño grande para ayudarlo a generar entusiasmo.
Deja que te ayude a elegir. Si vas a comprar una cama nueva, deja que tu niño te ayude a elegirla. Si vas a usar una cama heredada, cuéntale de quién era antes: “Esta cama era de tu primito y ahora es tuya. ¡Ya casi estás tan grande como él!”. Si vas a comprar sábanas nuevas, deja que tu niño vaya contigo a comprarlas y busca las que tengan sus personajes favoritos. Involucrarlo en esto ayuda a que se emocione y sienta que esa cama también es suya.
Escoge la cama adecuada. Tienes varias opciones. Una opción es comenzar con el colchón de la cuna en el suelo, mientras tu niño aprende a no rodar fuera de ella. Otra buena opción es una cama para niños pequeños que use el colchón de la cuna y ya trae barandales de seguridad. O también, puedes pasar directamente a una cama individual con barandales. Los barandales mitad de tamaño también sirven mucho porque dan seguridad y al mismo tiempo le permiten subir y bajar solito.
Haz que se sienta familiar. Si puedes, pon la cama nueva en el mismo lugar donde estaba la cuna. Si va a seguir en el mismo cuarto, trata de no cambiar todo el cuarto al mismo tiempo. Tu niño también le puede dar tranquilidad seguir usando sus mismas cobijas, aunque ya le queden chicas, junto con sus peluches o cualquier objeto que le dé consuelo.
Escoge bien el momento. Trata de que este cambio no pase al mismo tiempo que otros cambios grandes, como aprender a ir al baño, mudarse de casa o la llegada de un nuevo bebé. Si estás esperando otro hijo, intenta trasladar a tu niño pequeño a su cama unos meses antes de que llegue el bebé, o espera hasta que el nuevo bebé tenga 3 o 4 meses y tu niño pequeño se haya adaptado a su nuevo hermano.
Cuando tu niño se cambia a una cama, de repente tiene más libertad para moverse por su cuarto y hasta por la casa. Esto significa que la seguridad infantil se vuelve todavía más importante. Ten en cuenta lo siguiente:
Asegura el cuarto. Usa seguros para niños en cajones y gabinetes. Cubre los enchufes eléctricos. Quita o asegura cualquier objeto que pueda caer encima.
Pon la cama en un lugar seguro. Trata de no ponerla junto a las ventanas para evitar corrientes de aire, y mantén las ventanas cerradas con seguro cuando no se estén usando. Siempre que sea posible, evita poner la cama cerca de enchufes o usa protectores para niños.
Piensa en poner rejas de seguridad. Instala puertas de seguridad en la parte superior e inferior de las escaleras si el cuarto de tu niño está en un segundo piso. También puede servir poner una reja en la puerta de su cuarto o una perilla de seguridad para niños en la puerta para evitar que ande caminando por la casa en la noche y llegue a lugares peligrosos.
Mantén la cama baja. No uses colchones altos ni literas para niños menores de 6 años, porque es más fácil que se caigan.
Deja el piso despejado. Quita los juguetes, muebles y objetos con los que se pueda tropezar o que puedan utilizar para trepar cuando esté oscuro.
El truco para una transición exitosa es encontrar un balance entre el entusiasmo de tu niño por ser un “niño grande” con reglas claras sobre quedarse en la cama:
Haz que lo vea como algo emocionante. Habla sobre la cama durante el día con entusiasmo y positividad. Deja que tu niño muestre su nueva cama a sus amigos y familiares. Lean juntos libros sobre camas para niños grandes. La idea es que lo vea como algo especial, no como algo que da miedo.
Deja claras las reglas. Antes de la primera noche, explícale cuáles van a ser las nuevas reglas. Explícale que, una vez que se apaguen las luces, tiene que quedarse en la cama.
Mantén la misma rutina. La cama puede cambiar, pero lo ideal es que la rutina para irse a dormir siga siendo la misma. Trata de mantener la misma rutina nocturna que tenían cuando dormía en la cuna. Esa constancia le ayuda a entender que ya es hora de calmarse y dormir.
Usa cosas que le den seguridad. Una luz de noche puede ayudar si tu niño le tiene miedo a la oscuridad. Un peluche favorito u objeto que le dé consuelo también puede ayudarlo a sentirse seguro. Puedes decirle que, si se despierta en la noche, puede abrazar su juguete especial para volver a dormirse.
Mantén la confianza. Tu niño nota tus emociones, así que mantén una actitud tranquila y segura durante toda la rutina para irse a dormir. Si te pareces ansioso o inseguro, ellos también lo van a sentir. Pero si estás tranquilo, le ayudas a entender que todo está bien.
La mayoría de los niños pequeños van a poner a prueba los límites de su nueva libertad. Es posible que tu niño esté encantado con su cama durante el día, pero una vez que se apagan las luces, puede que decida ir a buscarte. Este es un comportamiento completamente normal. Aquí hay algunos consejos para guiarlo:
Ten un plan antes de la primera noche. Decide desde antes cómo vas a reaccionar si tu hijo se sale de la cama: ¿lo llevarás de vuelta en silencio, le darás un breve recordatorio o usarás una frase específica cada vez? Tener una estrategia puede ayudarte a mantener la calma y la consistencia durante estos momentos difíciles a la hora de acostarse. Una cosa que puedes hacer es tomarlo de la mano y llevarlo de regreso con calma. Puedes decirle que tiene que quedarse en la cama, darle un beso rápido e irte. Cantar canciones, contar cuentos, sobarle la espalda o acostarte con él puede confundir la rutina de la hora de acostarse.
Hazlo de manera tranquila y sin mucha atención. Mantén la calma y no hagas que el proceso sea emocionante ni triste, ya que esto puede animarlos a repetir el comportamiento. Entre menos divertido lo hagas, menos atractivo les resultará levantarse.
Sé constante. Es posible que tengas que llevar a tu hijo a la cama varias veces en una noche. Respira y sigue firme. Poco a poco va a aprender las nuevas reglas, pero solo si respondes igual cada vez.
Reconoce cuando lo hace bien. Si tu niño se queda en la cama toda la noche, felicítalo por la mañana. Dile lo orgulloso que estás. También puedes usar premios pequeños, como una calcomanía o una ida al parque, para recompensar su buena actitud.
Dale tiempo. Las primeras noches o semanas pueden ser pesadas. Sé paciente y dale a tu niño tiempo suficiente para adaptarse. Algunos niños pasan por una fase de “luna de miel” al principio, dónde están tan emocionados con la cama que ni siquiera prueban los límites. Pero después de unos días, es posible que empiecen a ponerlos a prueba.
Si la resistencia a la hora de dormir se convierte en un gran problema, fíjate si hay miedos detrás de eso. Algunos niños desarrollan ansiedad por separación o miedo a la oscuridad después de pasar a una cama. Habla con ellos sobre sus sentimientos durante el día y piensa si hace falta agregar más cosas que le den consuelo dentro de la rutina para dormir.
A veces, aunque hagas todo lo posible, un niño simplemente no está listo. Si tu niño está muy alterado, tiene berrinches o parece muy asustado después de varios días en la nueva cama, está bien volver a poner la cuna. No lo trates como un castigo o un paso atrás. Simplemente dile: “Vamos a intentar otra vez con la cama grande en unos meses, cuando estés un poquito más grande”.
A veces, ponerle pausa y volver a intentarlo más tarde es lo mejor. Dejar a tu hijo seguro en su cuna un poco más tiempo puede facilitar mucho la transición final.
Pasar a una cama de niño grande es un hito importante en la vida de tu niño. Marca ese cambio de ser un bebé pequeño en una cuna a un niño pequeño con más independencia. Para los papás, puede ser emocionante y al mismo tiempo un poquito agridulce.
Recuerda que cada niño se adapta de manera diferente. Algunos hacen el cambio sin mucho problema, mientras que otros necesitan más apoyo y tiempo. Los dos son parte del proceso de aprendizaje. Trata de mantener la paciencia, ser constante y seguir con sus rutinas. Con límites claros, mucho ánimo y medidas de seguridad, tu niño pequeño pronto se sentirá cómodo y orgulloso en su cama de niño grande.







