Es un buen momento para celebrar las diferentes maneras en que los niños ven y sienten el mundo. Tal vez hayas notado que mientras algunos niños disfrutan sentarse tranquilamente a leer un libro, otros parecen estar siempre en movimiento. Puede que salten del sofá, se dejen caer sobre los cojines o les encanten los abrazos apretados.
Si esto te suena familiar, es posible que tu niño esté buscando más estímulos sensoriales. No se trata simplemente de que tenga mucha energía. Tiene que ver con la manera en que su cerebro procesa lo que ve, oye y siente. Cuando entiendes el motivo detrás de estas conductas, puedes ayudarlo a sentirse más equilibrado, tranquilo y listo para aprender.

Todos los niños tienen una “cubeta sensorial” que necesitan llenar para sentirse tranquilos y lo que ellos consideran perfectos. Para muchos niños, actividades como caminar o jugar llenan esa cubeta fácilmente. Pero para un niño con necesidades sensoriales intensas, su cubeta es mucho más grande. Se necesita mucha más actividad para llenarla y para que pueda sentirse estable.
Para ayudar a que su cerebro y su cuerpo se comuniquen entre sí, los niños con necesidad de estímulos sensoriales buscan juegos de gran intensidad. Esto incluye cosas como lanzarse contra las almohadas o dar vueltas. Estos movimientos grandes les proporcionan la energía física que necesitan para sentirse equilibrados.
La necesidad de tu niño de este movimiento intenso muchas veces está relacionada con dos sentidos internos:
Propiocepción (el sexto sentido del cuerpo): Esto le dice a tu niño dónde están las partes de su cuerpo y cuánta fuerza debe usar, como por ejemplo, con qué intensidad debe empujar una puerta.
Vestibular (equilibrio): Es un sistema sensorial ubicado en el oído interno. Proporciona al cerebro información sobre el movimiento, la posición de la cabeza y el equilibrio. Es lo que ayuda a tu niño a comprender la sensación de balancearse, girar o incluso simplemente permanecer quieto.
Cada niño es diferente, pero es posible que veas a tu niño buscando estimulación que necesita de maneras que parecen juegos muy activos:
Siempre en movimiento: Rara vez se quedan quietos y prefieren correr o saltar en vez de caminar.
Chocarse y dar golpes: Intentan chocar contra muebles, paredes o incluso personas.
Necesidad de presión: Les encantan los abrazos fuertes, que los arropen bien apretados o llevar ropa pesada.
Inquietud: Es posible que les guste tocar constantemente diferentes texturas, mordisquearse las mangas o dar golpecitos con los pies.
Cuando un niño con necesidades sensoriales no consigue el movimiento que su cuerpo ansía, puede sentir una sensación de comezón sin poder rascarse. Esto puede dificultar el manejo de sus emociones. Es posible que notes:
Más colapsos emocionales: Sin el movimiento adecuado, el cuerpo de tu niño puede sentirse desequilibrado, lo que provoca más berrinches o llantos.
Dificultad para concentrarse: A un niño le cuesta escuchar un cuento cuando su cerebro le pide que se mueva.
Riesgos de seguridad: Para conseguir la sensación que necesita, un niño podría correr grandes riesgos, como saltar desde lugares altos. Sólo está intentando obtener la intensa sensación física que su cuerpo ansía.
Cuando los niños se sienten así, puede parecer que su motor interno siempre va demasiado rápido o demasiado lento.
Puedes ayudar a tu niño a llenar su “cubeta” de manera segura. Estas actividades le dan a su cerebro el movimiento que necesita para que pueda encontrar la calma.
1. Trabajo pesado
El trabajo pesado es cualquier actividad que empuje o jale contra el cuerpo. Ayuda a que tu niño se sienta más centrado.
Empujones contra la pared: Pídele a tu niño que intente “empujar la pared” durante 10-20 segundos.
Caminar como animales: Haz que camine como un elefante pesado o que salte como una rana fuerte.
El ayudante de las provisiones: Convierte un quehacer en una experiencia sensorial positiva. Pídele a tu niño que te ayude a empujar el carrito de la compra o a llevar una bolsa ligera con artículos que no se rompan (como cajas de pasta) desde el carro hasta la puerta.
2. Crea una zona de aterrizaje
En lugar de luchar contra su impulso de saltar de los muebles, ofrécele un lugar seguro donde pueda caer. Amontona cojines y cobijas viejas en el suelo donde puedan saltar y caer con seguridad. Esto les da a sus coyunturas la presión profunda que necesitan.
3. Descansos rápidos para el movimiento
Antes de que tu niño tenga que sentarse para cenar o para un viaje en carro, ofrécele una pausa rápida de movimiento de 5 minutos. Deja que dé vueltas, que salte o que tenga una pequeña fiesta de baile. Llenar su “cubeta” antes de que tenga que quedarse quieto marca una gran diferencia.
4. Herramientas sensoriales
Algunos niños encuentran consuelo en juguetes antiestrés o artículos con peso. Una cobija con peso podría ayudarles a sentirse estables mientras se sientan.
Tu niño no se está portando mal. Simplemente está haciendo lo que su cuerpo necesita para sentirse seguro. Al ofrecerle estas maneras seguras de moverse, estás ayudándolo a comprender su propio cuerpo. Estás ayudándolo a pasar de un estado de exceso a uno perfecto para él.
Para obtener más ideas sobre cómo apoyar a tu niño, visita nuestras páginas sobre salud social y emocional para niños en edad preescolar o pequeños.







